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Informes técnicos

Liberar el potencial: aprovechar el potencial de tu personal

El individuo puede ser el componente más pequeño de un proceso de cambio, pero también es el más importante. Como bien sabe cualquier directivo, cambiar el comportamiento de las personas no siempre es una tarea fácil, y a menudo es precisamente esto lo que supone el mayor obstáculo para el cambio. Sin embargo, este cambio es fundamental. En pocas palabras: si una persona no cambia, la organización tampoco puede hacerlo.

El ritmo de cambio en el mundo empresarial se ha acelerado enormemente durante la última década. Como bien ilustra la rapidez con la que se abatió sobre nosotros la crisis financiera mundial, es innegable el dinamismo del entorno empresarial actual en todo el mundo. Una lección importante que nos ha dejado la recesión es que la mejora continua y la búsqueda de la excelencia empresarial son fundamentales para la supervivencia y el éxito futuros de cualquier organización.

Con el fin de alcanzar y mantener una ventaja competitiva, muchas organizaciones recurren cada vez más a programas de cambio. Por supuesto, cualquier programa de este tipo debe prestar la debida atención a los procesos empresariales, las herramientas y la tecnología; pero estos elementos por sí solos no bastan para garantizar beneficios a largo plazo. En última instancia, una mejora empresarial satisfactoria y sostenible depende del cambio de comportamiento.

El individuo puede ser el componente más pequeño de un proceso de cambio, pero también es el más importante. Como bien sabe cualquier directivo, cambiar el comportamiento de las personas no siempre es una tarea fácil, y a menudo es precisamente esto lo que supone el mayor obstáculo para el cambio. Sin embargo, este cambio es fundamental. En pocas palabras: si una persona no cambia, la organización tampoco puede hacerlo.

¿Cómo conseguimos, entonces, que las personas cambien y se adapten a los nuevos procesos y herramientas? La respuesta es sencilla: la formación. Pero, aunque la respuesta pueda parecer clara, la formación supone un reto importante para las organizaciones y son pocas las que la llevan a cabo con éxito. Aquí es donde las consultoras externas pueden desempeñar un papel importante. Cuentan con los conocimientos y la experiencia necesarios para ayudar a cambiar las actitudes e inspirar a las personas a aceptar la nueva forma de trabajar. Sin embargo, no se puede confiar en que las consultoras externas hagan el cambio por uno; la mejora sostenible debe venir desde dentro: debe partir de la cúpula directiva y extenderse por toda la organización a través de los agentes de cambio internos, las personas clave en cada nivel de la organización. Por lo tanto, una formación exitosa requiere que la consultora transfiera sus conocimientos a la organización cliente, de modo que el cambio se convierta en parte de la cultura de la empresa y no sea solo un programa a corto plazo.

Los cambios fundamentales en los procesos y sistemas deben comunicarse a la mayoría de los empleados y ser comprendidos por ellos, ya que son ellos quienes tendrán que utilizarlos y de ellos depende el éxito.

Sin embargo, comprenderlo es solo el primer paso. Para integrar plenamente a las personas, los procesos y las herramientas, y obtener el máximo beneficio, una organización debe asegurarse de que estas nuevas formas de trabajar sean aceptadas y asumidas como propias. Además, al involucrar a más personal interno en el proceso de cambio, los beneficios pueden alcanzarse antes, ya que los nuevos procesos y herramientas pueden diseñarse para adaptarse mejor a la organización.

 

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